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Retrato de Filomena

En estos tres o cuatro días blancos he tenido la suerte de fotografiar, sobreexponiendo claro, el temporal Filomena sobre Guadalajara, días mágicos y blancos en que la nieve lo embelleció todo, lo simplificó, vistió a la ciudad de gala. Os dejo con unas fotos y un pequeño texto describiendo la alegría de esos días.

Generalmente nuestros pensamientos se mueven en el día a día, en la rutina y la practicidad; qué pocas veces ocurre algo mágico que nos sorprenda gratamente, que nos toque el corazón, que escasa esa chispa inesperada que nos hace vivir con alegría.

Estos días de temporal, que ahora vienen bautizados, ha caído desde el cielo una sustancia mágica… la nieve. Durante tres días, la magia se ha adueñado de la provincia y sus gentes; en Guadalajara, dónde yo la he vivido, los ciudadanos han bajado de las aceras y se han adueñado de sus calles sin coches, los niños han buscado las cuestas con sus trineos y hemos visto esquiadores en sitios impensables; este manto blanco, además de belleza, nos ha traído algo que escasea últimamente: Alegría.

La gente bajo la mascarilla lucía una amplia sonrisa y se mostraba abierta con los desconocidos, con ganas de hablar, de ser agradable…  sin duda, tal como estamos, esta gran nevada ha sido Magia blanca. ¿Qué crees si no que habrán sentido esas personas que han visto nevar por primera vez, que han sentido y oído el crujir de la nieve bajo sus pies, que han visto su blanca belleza en estos castellanos campos?.

Los parques y las calles se han llenado de muñecos de nieve, de niños felices, de perros saltarines ansiosos de juegos, de pura vida y alboroto. La gente, empujada por esa magia blanca, ha recuperado su ciudad, sus calles vacías, óptimas para pasear, para peleas de bolas, para levantar muñecos de nieve, para romper las normas del día a día.

¿Qué tendrá la nieve que nunca falla?, siempre trae alborozo y a la vez calma y silencio, sabor a infancia, a madre, a pueblo con olor a roble y a humo de leña en el fuego. Como a muchos, a mí me trae recuerdos de lo que Rilke describe como “la verdadera patria del hombre”: la infancia. Aún recuerdo esas grandes nevadas que en el Señorío de Molina duraban una semana, las zanjas abiertas en la nieve que te encaminaban al colegio, los juegos infantiles, las manos ateridas de frio, los sabañones… la blanca y bella inmensidad del campo nevado y callado; mi niñez, mi tierra…

Estos mágicos días, en los que la nieve ha acolchado el ruido, han sido un respiro frente a la Covid, frente al hartazgo de las noticias de los enfrentamientos de los políticos, frente a la vuelta al cole y al trabajo, frente a la excesiva normalización (una vez que se ha abandonado la educación); en definitiva: una simple y buena nevada, la magia que siempre funciona diluyendo lo artificial y la tontería… Salud.

Jesús de los Reyes. www.jesusdelosreyes.es

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Jesús de los Reyes

Fotografía artística y de autor

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